viernes, 26 de agosto de 2016
La Barraca García Baldi (Según las memorias de Laura García Baldi-2016)
Ismael
García Barredo, emigra siendo adolescente desde el campo a la ciudad
de San José de Mayo, en la primer década del siglo veinte.
Allí
comienza a descubrir su vocación, influenciado tal vez en parte por
las artes de sus tios Barredo, los cuales se desempeñaban con
pericia en el rubro de la ebanistería, siendo muy celebrados sus
trabajos en el interior de la capilla del Huerto, los que aún hoy
pueden apreciarse.
Ismael
comienza sus estudios de Carpintería en una muy joven Universidad
del trabajo del Uruguay (UTU) y paralelamente comienza su vida
laboral, trabajando en los almacenes de Odriozola (calle Herrera)
luego en una empresa fúnebre (Al parecer “Marotti”)
Luego
de esto, se empleó en la Mueblería-Carpintería de “Angueira”,
donde fue desarrollando su estilo como mueblero.
La
abuela de Ismael, de apellido Piccardo y casada con García, vió al
parecer las aptitudes y la voluntad de Ismael de salir adelante,
motivo por el cual le dió cinco libras esterlinas, que en ese
entonces le permitieron al joven carpintero comprarse las
herramientas de su oficio y la madera para el banco que lo
acompañaría en adelante…
Fue
en el año 1927 cuando Ismael compró un galpón con terrenos al
fondo, que es donde hoy está el aserradero.
Antes
de eso, este galpón tuvo otras actividades, fue en un momento un
depósito de cueros, y en la época anterior a la carpintería: Un
salón de baile.
Cuando
Ismael ocupó, tuvo que abrir a machete la suerte de jungla que se
había formado en aquellos fondos.
Un
año después Ismael contraía matrimonio con Irene Baldi, y pasaron
a vivir en una casa alquilada, ubicada en calle Batlle Berres casi 25
de mayo, una casa que en épocas más recientes fuese ocupada por los
diferentes sub jefes de policía.
A
fines de los años veinte, Ismael decide integrar diferentes
reparticiones dentro de aquel gran galpón, donde pasarían a habitar
con su familia.
Aquel
galpón presentaba en su parte anterior, la parte de la carpintería,
un techo a dos aguas, techado con tejas francesas, que estuvieron ahí
hasta el gran incendio del 26 de mayo de 1976.
Como
antes decía, la carpintería comenzó a funcionar por el año 27, e
Ismael agregó en sociedad a dos de sus hermanos: Juan Luis y
Aquiles. Su razón social era: García Barredo Hnos.
Abrió
como Mueblería y más adelante se especializaron en obra blanca.
Ismael
hacía los muebles y los lustraba.
Y
cuando hacían trabajos de obra y debían desplazarse, sobre todo a
campaña, Laura recuerda que alquilaba un camión, el cual llenaban
de material y herramientas, además de dos grandes cajones llenos de
víveres, por que por lo general pasaban afuera una semana.
Cuenta
que, en la época de la segunda guerra mundial, el trabajo escaseaba.
Y, por ese entonces, Ismael había tenido la oportunidad de adquirir
una casa antigua muy grande, tambien con terrenos y caballerizas que
abarcaba desde lo que hoy es la pensión de ancianos, por calle
Zorrilla (Solis) hasta la casa de 25 de mayo 716, pegada a la
barraca. Buscando salida a la situación, Ismael se abocó a la tarea
de hacer planos para reformar y construir hasta siete casas
diferentes que hoy existen, trabajando con algunos de los empleados
de la Mueblería.
Algunos
de cuyos nombres recuerda son:
Brando
(apodado el boñato)
Bravo
(padre de Julio Bravo)
Un
tal Centurión que falleciera en un accidente por el año 54.
Arrieta.
Canaveris.
Caravatti
(padre de Rosario). Icazurriaga. Ratti. Ferraro (quién viniera de
campaña, recomendado por el cura DiMartino)
Siempre
eran unos siete u ocho.
A
principios de los años 50, Ismael, atento a las novedades y
evolución de su oficio, va a Montevideo a aprender a hacer las
cortinas de enrollar, siendo el primero en fabricarlas en San José.
Se
hacían en una madera llamada “Douglas Fir”.
Y,
por el año 53-54, le enseña esto de las cortinas a su hijo Carlos.
Quién
desde entonces comienza a interiorizarse en los movimientos de la
empresa.
En
el año 55 se jubilaron los tres hermanos y la empresa pasó a
denominarse de Garcia Barredo Hnos a García Baldi y cia. En el año
56.
Laura
se vincularía en el año 68 y estaría hasta el año 79.
Foto tomada en los fondos, (Novas, Gallinal, Quintela, Delgado, Laura)
Foto tomada en los fondos, (Novas, Gallinal, Quintela, Delgado, Laura)
La
tarde del 21 de mayo de 1976, salían para Montevideo, Carlos, Hilda
Lasa, su esposa, quien ya estaba en trabajo de parto, y les
acompañaba Laura.
A
la madrugada, Laura volvía para San José, dado que debía abrir la
barraca esa mañana, Alejandro aún no había nacido pero lo haría
en las próximas horas.
Llegados
a la barra de sta lucia, sube un inspector de cita y con poco tacto
le da la novedad del incendio a Laura, cosa que ella en principio no
cree, y se imagina que puede tener que ver con motivaciones
políticas, dado que por esos años el gobierno militar y sus
efectivos eran una constante en todas partes.
Cuando
alguien más le confirma que efectivamente el lugar hacia donde va
está hecho cenizas, Laura tiene en ese mismo autobus, un episodio
nervioso, que no consigue contener hasta que llegó adonde sus hijos
y familiares la esperaban, sin daño alguno de nadie, solo los daños
materiales.
Los días siguientes me recuerdo con Agustín, el gordo Ruiz y otros amigos del barrio separando azulejos, baldozas y otras cosas útiles que encontrábamos entre las cenizas aún calientes, y aquel olor a cosa quemada que no se olvida...
Los días siguientes me recuerdo con Agustín, el gordo Ruiz y otros amigos del barrio separando azulejos, baldozas y otras cosas útiles que encontrábamos entre las cenizas aún calientes, y aquel olor a cosa quemada que no se olvida...
Como el ave Fénix de la leyenda, la Barraca resurgiría de las cenizas. El fin de semana luego del incendio, se habló con los empleados, hablaron con Ismael, se abría...
La semana siguiente, Mauro Peña blanqueó las paredes del garage, y refaccionó.
Y, sentada en un tarro de asfalkote, Laura, con una mesita improvisada de escritorio, y un cuadernito reabriría el local en el garage, los deudores solidarios se acercaban a pagar cuentas de las que no quedaban pruebas... Me acuerdo de eso, y del optimismo que generaba esa actitud en la familia....
La semana siguiente, Mauro Peña blanqueó las paredes del garage, y refaccionó.
Y, sentada en un tarro de asfalkote, Laura, con una mesita improvisada de escritorio, y un cuadernito reabriría el local en el garage, los deudores solidarios se acercaban a pagar cuentas de las que no quedaban pruebas... Me acuerdo de eso, y del optimismo que generaba esa actitud en la familia....
Quién
suscribe este blog ha escrito diferentes historias que se han visto
influidas por este lugar que hoy nos convoca y por estas personas que
conocí, son ficciones, pero no hubiesen existido sin ellos:
Cuento
“La Barraca” :
http://eltiempoesarti.blogspot.com.uy/2008/12/la-barraca.html
Cuento
“Abuelo se acerca”
Cuento
“Quien lo sabe”
el viejo Ismael en una visión libre de su nieto Daniel... ;)
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